jueves, 16 de abril de 2015

No con mi dinero


Ayer leía en prensa un artículo sobre una pareja a la que se le había suspendido el tratamiento de reproducción asistida a mitad del proceso, por la entrada en vigor de la reducción de la cartera de servicios sanitarios que aprobó el PP.

Esa reducción, en lo concerniente a la reproducción asistida establece que para poder ser beneficiarios del servicio hay que tener un diagnóstico de esterilidad, o “tras un mínimo de 12 meses de relaciones sexuales con coito vaginal sin empleo de métodos anticonceptivos"*1 . Lo que a efectos prácticos deja fuera a cualquiera que no sea una pareja hombre-mujer.

No vengo a analizar aquí la discriminación que eso supone, contradiciendo incluso leyes aprobadas con anterioridad (en el artículo dedican un párrafo a explicarlo), sino a hablar de algunos de los comentarios que siguen a la noticia.

Con tonos que van desde moderados hasta la homofobia más recalcitrante hay un mensaje que se repite: 

“que hagan con su vida lo que quieran, es su elección, pero no con mi dinero”.

No con mi dinero, como si por ser lesbianas estuvieramos fuera del sistema de cotización a la seguridad social, como queriendo sugerir que los impuestos que nosotras pagamos igual que el resto, no nos dan los mismo derechos.

Si queremos discutir si la Seguridad Social debería sufragar tratamientos de reproducción asistida, discutámoslo, pero a todas o ninguna.  Mientras el derecho en sí, a que nuestro sistema de sanidad público utilice los avances de la ciencia para ayudar a procrear, sólo exista para una pareja heterosexual pero se le niegue una mujer sola o a una pareja de mujeres*2, el debate sobre quién paga es irrelevante. Es como quien argumentaba en su momento que el matrimonio es una institución obsoleta, y aducía que por eso los homosexuales no deberían molestarse en luchar por obtener ese derecho. No perdamos la perspectiva, se trata de igualdad de derechos, no de redefinir los derechos en sí.

Porque si entramos en ese juego, yo podría decir, que se le niegue tratamiento a aquellas personas que no llevan un estilo de vida saludable... a fin de cuentas ¿por qué tengo que pagar con mi dinero, la costosa operación de pulmón de quien ha fumado dos cajetillas diarias durante 20 años?, no haber elegido fumar, y ya que estamos, en un accidente de tráfico dejemos de asistir a quien lo causó, nadie le obligó superar el límite de velocidad ni a tomarse dos copas antes de coger el coche; ¿cogiste una ETS por una imprudencia? Haberlo pensado mejor antes de irte de putas, págate tú el tratamiento, con mi dinero no se cura a degenerados.

Pero vamos a rizar el rizo más, ¿te has destrozado las rodillas jugando al pádel? Mala elección de deporte, todo el mundo sabe que la natación es más completa y menos agresiva con las articulaciones, el traumatólogo no saldrá de mi bolsillo. ¿Que te han extirpado un pecho para evitar un cáncer de mama? Tener un pecho reconstruido no es una necesidad básica, te lo dejamos así y ya te costeas tú la parte estética.

Cuando se trata de reducir gastos, tod@s tenemos una opinión sobre lo que es necesario y lo que es superfluo, y difícilmente vamos a coincidir una mayoría, el debate es necesario y seguro que se recorte donde se recorte, alguien saldrá perjudicado. Pero esto no puede ser excusa para que se produzca una discriminación manifiesta a las personas porque no cumplen con un modelo de familia que sólo una parte de la sociedad entiende como el único aceptable. Desde luego, no con mi dinero.




---
*1 ¿Cómo se acredita que se cumple ese requisito?
*2 Otro debate necesario es la regularización de la gestación subrogada, una de las opciones a las que podrían acudir parejas de hombres, o incluso hombres solteros.