martes, 13 de enero de 2015

De teclados

Hace algunas décadas, quien quisiera manejar de forma ágil un teclado (de máquina de escribir primero, de ordenador después) pasaba por un curso de mecanografía. 

Cuando yo era pequeña el ordenador era una herramienta que estaba ahí, básicamente para escribir los trabajos del colegio (y la impresora siempre se rompía el día antes de la entrega a las 10 de la noche) y jugar a unos primitivos videojuegos que resultabana igual de adictivos que los actuales.
http://www.juegomania.org/
Fue la llegada de internet, lo que hizo que el ordenador aumentara su presencia significativamente en mi vida. Los trabajos ya no se hacía con la larousse de la estantería del salón, sino con la que venía en CD (¿se acuerdan de la enciclopedia encarta, con sus muchos discos?) y buscando en internet. Pero lo que fue un cambio brutal fueron los servicios de mensajería instantánea. Los chats para conocer gente por un lado, y el messenger para comunicarte con tus amigos por el otro, podrían considerarse los gérmenes de las redes sociales, puesto que pasaron a ser parte importante de cómo nos relacionábamos con otras personas.

Para los que por entonces estábamos en secundaria y bachillerato, era como el aire, fundamental. Cuando tienes 15 años, necesitas contar muchas cosas, y fueron esas largas sesiones de messenger, las que me dieron agilidad enfrente del teclado, sin método de mecanografía ni nada parecido. El messenger ha muerto a manos del facebook, pero todos los que trabajomos con un equipo informático agradecemos haber cogido soltura tecleando mientras contabamos nuestros dramas de adolescente a las amigas, mientras nuestros padres nos mandaban a acostarnos de una vez.

Con el peso que ha tomado en nuestra rutina la electrónica de consumo, smartphones, tabletas, lectores electrónicos, reproductores multimedia y demás dispositivos táctiles, los niños nacidos en este siglo manejan con una soltura pasmosa cualquier aparato, hasta el punto que intentan activar la tele plantando sus deditos sobre la pantalla. Pero me pregunto cómo les irá cuando se enfrenten a un teclado de los de "toda la vida" (que no tienen tanta vida como nos parece). Para ellos serán las redes sociales las que les den la oportunidad de desarrollar velocidad sobre este periférico, pero claro, es que tendemos cada vez más a los dispositivos móviles, donde se teclea con dos pulgares y a veces ni eso.

Por no mencionar, el abandono de la escritura manual hasta para cosas tan simples como hacer la lista de la compra, o dejar un recado (¿para qué dejar una nota en la nevera, si puedes mandar un wasap?).

La cuestión es ¿estamos destinados a desterrar los teclados y el bolígrafo?, porque sinceramente, yo no lo termino de ver. ¿Será que con los años voy experimentando eso que llaman resistencia al cambio?

Y a todas estsa ¿alguien ha pensado que las personas con falta de vista pueden tener problemas para adaptarse a teclados táctiles? Que la descripción de audio está muy bien, pero no creo que sea una buena idea cuando tecleas una contraseña o el pin de la tarjeta bancaria.

Pues eso, que será nostalgia de mi adolescencia, pero por mí, larga vida al teclado.

http://www.tuexperto.com







domingo, 11 de enero de 2015

Irreversible

Parte de crecer es ser plenamente consciente de que prácticamente todo en esta vida es irreversible, desde la cosa mas nimia hasta los grandes eventos, cuando ocurren ya no hay vuelta atrás. Eso  no significa que si lo ocurrido es malo, no tenga arreglo, pero nunca volverá al mismo estado inicial.

Me considero una persona optimista y resolutiva, o lo intento ser, aunque haya días que ni me aguanto y lo veo todo gris. Intento, ante una situación adversa, buscar soluciones, buscar alternativas, o por lo menos, encontrar la forma de "capear el temporal". La vida es sortear imprevistos, y en ese sentido casi nada es irreparable, sólo que nos puede costar más esfuerzo o más tiempo, o simplemente asumir que las cosas no van a ser como queremos y seguir adelante. Perder un móvil en carnavales es irreversible, pero no es el fin del mundo. No vas a poder retroceder en el tiempo para felicitar a esa persona cuyo cumpleaños olvidaste, pides disculpas e intentas ponerte una alarma para el año siguiente.

Pero las cosas importantes, las que nos hacen respirar, esas rara vez vuelven al mismo sitio. No estoy descubriendo la pólvora aquí, pero me rondan por la cabeza varios casos en los que la irreversibilidad se hace muy notoria, y dolorosa.

Las personas que más queremos, son las que más daño nos pueden hacer, así cuando tenemos una bronca con una amiga, o una ruptura de pareja, aunque después nos reconciliemos, lo ocurrido queda ahí. No se trata de rencor, sino que aunque la relación se reaunde, si dolió, ese dolor no se puede quitar, si te han hecho dudar de ti mism@, ese momento de incertidumbre queda ahí. Aunque decidamos dejarlo atrás, aunque no le demos importancia, el recuerdo de ese momento pasa a formar parte de nuestra experiencia vital, y en función de la magnitud de esos sentimientos puede condicionar tus emociones y decisiones futuras.

La pérdida de confianza es irreversible. Se pude recuperar en gran parte, con esfuerzo, pero siempre quedará una sombra ahí, un margen de duda, un "¿y sí me vuelve a decepcionar?". 

Y la enfermedad, vaya hija de puta que es. Cuando a alguien que nos importa se le diagnistica una enfermedad grave, una de esas que durando más o menos, sabes que sólo tiene una salida, en el momento en el que lo sabes, la irreversibilidad cae como un mazo sobre tí.
Es terriblemente frustrante ser consciente de que por mucho que llores, patalees, por mucho que reces (si es tu rollo), por más que te arrepientas de cualquier acción que podría haber influido en el estado de salud de esa persona ("si por lo menos le hubiera animado a dejar de fumar", "si le hubiera acompañado al gimnasio", "si no le hubiera dejado el coche"), el resultado será el mismo. Que no descarto por completo los milagros médicos, y bienvenidos sean, pero eso es la excepción, no la norma.

Pero incluso sin enfermedad de por medio, la certeza de la no vuelta a trás nos la trae el paso del tiempo, el ver como el cuerpo de una no responde igual que hace años, y el ver cómo tus padres, se van haciendo mayores. Cuando empiezan a aparecer los achaques y las manías y te das cuenta de que irán a más no a menos.

Lo peor es que si pensamos demasiado sobre esta cuestión, nos suicidamos todos en masa. Por lo que hay que darle la vuelta, y pensar que vamos hacia delante siempre, y que no podemos dejar que las cosas mas nimias nos estropeen el día, pero también, calibrar nuestras acciones, porque lo que en el momento puede parecer una gran idea, o muy apetecible, traerá alguna consecuencia, y con toda probabilidad, será irreversible.

Qué dificil es el equilibrio de la vida, leñe!

jueves, 8 de enero de 2015

Sin facebook

Hay una anecdota que cuenta siempre mi tía, sobre una chica que en una fiesta, y probablemente bajo el efecto del alcohol, les contó el trauma que tenía, porque de pequeña no tenía una agenda, voy a suponer que de teléfonos. El caso es que la anécdota culmina con la frase en tono dramático de la tipa 
"¡no tengo agenda, no tengo pasado!"

WHAT THE FUCK?? Todos sabemos que las drogas son malas. Fuera del ambito de mi familia, no tiene mayor trascendencia esta historia. El motivo por el que la saco a valeo, es porque me veo en unos meses o años diciendo "¡No tengo facebook, no tengo pasado!". Y es que aprovechando que los señores del caralibro han cambiado por enésima vez sus políticas de privacidad, y después de leer este artículo, decidi, cerrar los ojos, respirar hondo y eliminar mi cuenta definitivamente.

Y resulta raro no tener un facebook que mirar. Quizá en pocos meses por presión social me haga otro, todo se vera. 

Si analizo mi paso por LA red social, no he sido una usuaria de las que suben compulsivamento fotos en pose ¿sensual? sacando morros, no contaba mi vida instante a instante, y pocas veces comentaba lo de los demás. De hecho, durante mi andadura en facebook (que empezó en 2006, antes de que se conviriera en lo que hoy es) he hecho varias limpias de contactos (fulano con el que fui a un curso de tenis, no me interesa tu vida, gracias), he procurado subir las menos fotos posibles, y de tanto simplificar he acabado reduciendo su uso a:

a) publicar ofertas de empleo que me llegan, por si a alguno de mis contactos le interesa.
b) curiosear el muro, muchas veces sin mucho interés (saco el mv, miro el facebook, cierro el facebook, ni puta idea de lo que he leido, abro el facebook de nuevo y ya estamos en bucle) y cotillear perfiles de conocidos.

y de vez en cuando

c) expresar mis opiniones y disconformidad con el mundo.

Ahora que estoy fuera...
Lo de las ofertas, bien puedo hacerlo por twitter y wasap (o que se buscan la vida, hombre, que ya son mayorcirtos para buscar trabajo por sus propios medios)

Lo de curiosear, pues oye, se echa de menos, supongo que iré superando el mono, pero....
y ahora ¿donde cuento yo mis mierdas?

Sí señores, a falta de facebook, bien podría pasarme por aquí de vez en cuando a contar historias que sólo a mí me interesan. O lo mismo se me pasa el mono de lanzar al mundo mis opiniones y dejo este blog morir antes de darle una oportunidad de levantar cabeza.

Escribo para mí, así que no prometo nada.

Y con eso y un bizcocho, hasta las 8, de algún día de estos.