Ayer leía en prensa
un
artículo sobre una pareja a la que se le había suspendido el
tratamiento de reproducción asistida a mitad del proceso, por la
entrada en vigor de la reducción de la cartera de servicios
sanitarios que aprobó el PP.
Esa reducción, en
lo concerniente a la reproducción asistida establece que para poder
ser beneficiarios del servicio hay que tener un diagnóstico de
esterilidad, o “tras un mínimo de 12 meses de relaciones sexuales
con coito vaginal sin empleo de métodos anticonceptivos"*1 . Lo
que a efectos prácticos deja fuera a cualquiera que no sea una
pareja hombre-mujer.
No vengo a analizar
aquí la discriminación que eso supone, contradiciendo incluso leyes
aprobadas con anterioridad (en el artículo dedican un párrafo a
explicarlo),
sino a hablar de algunos de los comentarios que siguen a la noticia.
Con tonos que van
desde moderados hasta la homofobia más recalcitrante hay un mensaje
que se repite:
“que hagan con su vida lo que quieran, es su elección, pero no con
mi dinero”.
No con mi dinero, como si por ser lesbianas
estuvieramos fuera del sistema de cotización a la seguridad social,
como queriendo sugerir que los impuestos que nosotras pagamos igual que el
resto, no nos dan los mismo derechos.
Si queremos discutir
si la Seguridad Social debería sufragar tratamientos de reproducción
asistida, discutámoslo, pero a todas o ninguna. Mientras el derecho en sí, a
que nuestro sistema de sanidad público utilice los avances de la
ciencia para ayudar a procrear, sólo exista para una pareja heterosexual
pero se le niegue una mujer sola o a una pareja de mujeres*2, el
debate sobre quién paga es irrelevante. Es como quien argumentaba en su momento que el
matrimonio es una institución obsoleta, y aducía que por eso los
homosexuales no deberían molestarse en luchar por obtener ese
derecho. No perdamos la perspectiva, se trata de igualdad de derechos, no de redefinir los derechos en sí.
Porque si entramos
en ese juego, yo podría decir, que se le niegue tratamiento a
aquellas personas que no llevan un estilo de vida saludable... a fin
de cuentas ¿por qué tengo que pagar con mi dinero, la
costosa operación de pulmón de quien ha fumado dos cajetillas
diarias durante 20 años?, no haber elegido fumar, y ya que estamos,
en un accidente de tráfico dejemos de asistir a quien lo causó,
nadie le obligó superar el límite de velocidad ni a tomarse dos
copas antes de coger el coche; ¿cogiste una ETS por una imprudencia?
Haberlo pensado mejor antes de irte de putas, págate tú el
tratamiento, con mi dinero no se cura a degenerados.
Pero vamos a rizar
el rizo más, ¿te has destrozado las rodillas jugando al pádel?
Mala elección de deporte, todo el mundo sabe que la natación es más
completa y menos agresiva con las articulaciones, el traumatólogo no
saldrá de mi bolsillo. ¿Que te han extirpado un pecho para evitar
un cáncer de mama? Tener un pecho reconstruido no es una necesidad
básica, te lo dejamos así y ya te costeas tú la parte estética.
Cuando se trata de
reducir gastos, tod@s tenemos una opinión sobre lo que es necesario
y lo que es superfluo, y difícilmente vamos a coincidir una mayoría,
el debate es necesario y seguro que se recorte donde se recorte,
alguien saldrá perjudicado. Pero esto no puede ser excusa para que
se produzca una discriminación manifiesta a las personas porque no
cumplen con un modelo de familia que sólo una parte de la sociedad
entiende como el único aceptable. Desde luego, no con mi dinero.
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*1 ¿Cómo se acredita que se cumple ese requisito?
*2 Otro debate necesario es la regularización de la gestación subrogada, una de las opciones a las que podrían acudir parejas de hombres, o incluso hombres solteros.
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