Parte de crecer es ser plenamente consciente de que prácticamente todo en esta vida es irreversible, desde la cosa mas nimia hasta los grandes eventos, cuando ocurren ya no hay vuelta atrás. Eso no significa que si lo ocurrido es malo, no tenga arreglo, pero nunca volverá al mismo estado inicial.
Me considero una persona optimista y resolutiva, o lo intento ser,
aunque haya días que ni me aguanto y lo veo todo gris. Intento, ante una
situación adversa, buscar soluciones, buscar alternativas, o por lo
menos, encontrar la forma de "capear el temporal". La vida es sortear imprevistos, y en ese sentido casi nada es irreparable, sólo que nos puede costar más esfuerzo o más tiempo, o simplemente asumir que las cosas no van a ser como queremos y seguir adelante. Perder un móvil en carnavales es irreversible, pero no es el fin del mundo. No vas a poder retroceder en el tiempo para felicitar a esa persona cuyo cumpleaños olvidaste, pides disculpas e intentas ponerte una alarma para el año siguiente.
Pero las cosas importantes, las que nos hacen respirar, esas rara vez vuelven al mismo sitio. No estoy descubriendo la pólvora aquí, pero me rondan por la cabeza varios casos en los que la irreversibilidad se hace muy notoria, y dolorosa.
Las personas que más queremos, son las que más daño nos pueden hacer, así cuando tenemos una bronca con una amiga, o una ruptura de pareja, aunque después nos reconciliemos, lo ocurrido queda ahí. No se trata de rencor, sino que aunque la relación se reaunde, si dolió, ese dolor no se puede quitar, si te han hecho dudar de ti mism@, ese momento de incertidumbre queda ahí. Aunque decidamos dejarlo atrás, aunque no le demos importancia, el recuerdo de ese momento pasa a formar parte de nuestra experiencia vital, y en función de la magnitud de esos sentimientos puede condicionar tus emociones y decisiones futuras.
La pérdida de confianza es irreversible. Se pude recuperar en gran parte, con esfuerzo, pero siempre quedará una sombra ahí, un margen de duda, un "¿y sí me vuelve a decepcionar?".
Y la enfermedad, vaya hija de puta que es. Cuando a alguien que nos importa se le diagnistica una enfermedad grave, una de esas que durando más o menos, sabes que sólo tiene una salida, en el momento en el que lo sabes, la irreversibilidad cae como un mazo sobre tí.
Es terriblemente frustrante ser consciente de que por mucho que llores, patalees, por mucho que reces (si es tu rollo), por más que te arrepientas de cualquier acción que podría haber influido en el estado de salud de esa persona ("si por lo menos le hubiera animado a dejar de fumar", "si le hubiera acompañado al gimnasio", "si no le hubiera dejado el coche"), el resultado será el mismo. Que no descarto por completo los milagros médicos, y bienvenidos sean, pero eso es la excepción, no la norma.
Pero incluso sin enfermedad de por medio, la certeza de la no vuelta a trás nos la trae el paso del tiempo, el ver como el cuerpo de una no responde igual que hace años, y el ver cómo tus padres, se van haciendo mayores. Cuando empiezan a aparecer los achaques y las manías y te das cuenta de que irán a más no a menos.
Lo peor es que si pensamos demasiado sobre esta cuestión, nos suicidamos todos en masa. Por lo que hay que darle la vuelta, y pensar que vamos hacia delante siempre, y que no podemos dejar que las cosas mas nimias nos estropeen el día, pero también, calibrar nuestras acciones, porque lo que en el momento puede parecer una gran idea, o muy apetecible, traerá alguna consecuencia, y con toda probabilidad, será irreversible.
Qué dificil es el equilibrio de la vida, leñe!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Y tú cómo lo ves?